lunes, 28 de enero de 2013

De amor y otras penurias


       Si me preguntaran cuanto es lo que te amo, mis contestaciones serían totalmente  diferentes a  mis reflexiones mentales, resuenan en mis oídos palabras al viento, todas esa baladas se reúnen junto a las objeciones que siento al verte y crean mi caos.

      A veces estoy entre sonidos, me pierdo en el olvido y en el sin sentido del tacto de tu piel, el palpo de tu manos, los besos inmersos de lujuria; mi percepción se nubla frente a las múltiples sensaciones que contiene cada segundo junto a ti, se inunda y acaba el éxtasis entre las distintas posibilidades de jugar a amarte en estos momentos. Indudablemente cada minuto te he mentido, este desvarió prevalece entre mis posibilidades de amarte o tan solo usarte, cual es la diferencia, sé que tu no la notas, ya que muchas veces hasta yo creo la mentira que es amarte.

      Amarte es un juego de doble filo, mentirte es solo adquirir un poco más de imaginación y suspenso a mi vida diaria, que pasaría si te dieras cuenta, que pasa si ya te diste cuenta y también juegas el juego de amarme. Es subjetivo, podría crear miles de historias frente a mis impertinencias en tu vida, jugar a que te amo ha llegado lejos, van casi dieciocho meses y aún me divierto entre el color de tus brazos y tus mirabas de ira delante de mis permanentes momentos de coquetería.

     Hoy saber que has logrado escabullirte en el umbral, y superado mis pensamientos me mata, estar al corriente que has extremado un poco el límite me hace llorar, y con ello mi ego se seca cuan hoja en otoño, a pesar de verme aún hermosa muero, muero internamente porque mi propia mentira se ha convertido en verdad, todos esas sensaciones contradictorias, ideas fortuitas han recaído en una verdad absoluta e innegable, saber que un día puede que me dejes de pertenecer me hace entrar en la demencia, y es que te amé, te amo. Me duelen tus palabras, por muy tontas que suenen sin un argumento que las complemente me hieren, me matan. Y por más que aún lo niegue muy internamente me enamore de cada una de tus debilidades, penas, sueños y esperanzas. Eres parte de mí sin serlo, eres mío sin tener que demostrarlo, eres mío con todas las palabras, y eres mío por consecuencia. 

miércoles, 23 de enero de 2013

Sin rumbo

¿Qué hago ahora?
Tengo dos meses libres, no tengo dinero, y hace calor
No tengo donde ir ni donde estar
No tengo rumbo ni destino en este tiempo

Contaré hasta diez mil
leeré un diccionario entero
hablaré de justicia
Aprenderé origami
Cantaré Villancicos
Esribiré cartas a El Mercurio
Recorreré todas las estaciones de metro
investigaré sobre la palabra torcuato

Los edificios se derriten
Y yo acá abajo
Los termómetros se revientan
Y yo mirándolos

Construiré una calculadora
Falsificaré billetes
Me convertiré al budismo
Aprenderé griego antiguo
Compraré muchas mesas y sillas
Estudiaré criminalistica
Invertiré en un almacén
Esacribiré una copia exacta del evangelio

Y el ron, ese que siempre me acompaña
Ya se acaba la última botella
Quién fuera pirata
Para hacer un hoyo y encontrar más

Refutaré a Mao Zedong
Tejeré almohadas
Creaé juegos de rol
Fundaré una religión
Caminaré la panamericana
Botaré las torres gemelas
Quebraré siete maceteros
Pariré un gato

¿Y todos? ¿Dónde están todos?
No me dejen botado aquí
Podría llegar el gobierno a regualrizar mi vivienda
Eso sería catastrófico

Cavaré una tumba
Fabricaré tornillos
Escribiré un almanaque
Emborracharé a Heidegger
Afeitaré a Jesús
Quemaré la DC
Resucitaré al tercer día
Encontraré el cepillo de dientes

Dos meses.. es harto tiempo
Pero no se compara con seis meses
Tampoco con 8 ni con diez.
A veces creo que soy un genio

Inventaré las celulas
Encontraré agua en marte
Comeré seis pizzas
No, mejor siete
Tejeré pañuelos palestinos
Encontraré el Santo Grial
Visitaré Hogwarts
Me tomaré un colegio

Después de harto pensarlo, 
Creo que mañana mismo empiezo
                     Aunque este texto no es mío, siempre es un agrado leerlo y retenerlo una y otra vez.                                                                                                                               Autor: Diego Medina