Despierto sobre mi vomito, esta vez es verde; miro la hora y falta poco menos de 10 minutos para las 18 horas, comienza a oscurecer en Santiago, palpo mis jeans y busco un cigarro; me limpio mi cara con agua y con una camiseta rasgada de Venom, que hace semejante mierda en mi suelo, lo ignoro completamente; Miro mi dieta, un delicioso cigarro y me doy asco, doy gracias que esta vez no vomito bilis. Miro a mi lado tu cuerpo inerte, a veces me gustaría matarte, pienso la forma más adecuada para terminar con tu vida pero no llego a la más certera, por ello tan solo te hago daño, un golpe, un mordida, o aveces tan solo hacemos el amor o quizás miramos al techo mientras nos prometemos un banal e ingenuo amor eterno.
Estas tan frío pero no me inquieto, llevas 45 horas dormido y aún sigo en el suelo a tu lado, Santiago no se inquieta frente a nuestro mal día, la que se inquieta verdaderamente es tu madre, que golpea efusivamente la puerta, para saber por qué no salimos de esta alcoba; podría abrirle y insinuarle la mierda que somos, que tomamos whisky en las rocas (que tanto te gusta) mientras tomaba las pastillas de tu pecho, cuan pac-man psicoactivo, en búsqueda de un premio sexual, arriba de la mesa en la cual cena, desayuna y almuerza. Pero no; me aferro a tu dormir y a tus lentos pálpitos un rato más e ignoro los gritos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario