Simpatía que mata, que ríe cerca de las hojas, que tiembla en otoño y destiñe en invierno.
Simpatía que mira, que ahoga el viento celestial de estos pulmones marchitos.
Simpatía que asusta, que toca el equilibrio entre el cielo y la tierra.
Simpatía que vive, cae por los arboles y no perece, que también resiste a esta rafaga de palabras.
Simpatía que hoy existe y es amena, me mira, sonríe y ríe, ¿no?
Simpatía que se deja llevar por las melodías de esta turbulenta agonía, de noches y mañanas tardías,
Frente al silencio oculto de los cielos grises y tempestades negras.

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