No nací para ser perfecta, no nací para ser madre, una buena
hija, una estudiante superdotada, una buena ama de casa, una buena jefa de
hogar, una gran trabajadora, la mejor amante, la mejor presidenta, una
mujer fiel, una joven conservadora, la
lame botas de la gente, una modelo, la mejor amiga, la mejor polola, novia y
esposa, no, no nací para ser perfecta.
Nací lejos del estereotipo de belleza, me constituí entre los umbrales de la libertad, me escondí para no ser encontrada y ahora escribo esta bitácora como muestra de he llegado lejos, nací humilde, fea para la sociedad, lejos de esos cánones de belleza acostumbrados, como aquel jorobado. Me he instruido a lo largo de este tiempo en plena autonomía de lo que es ser persona y que es lo que yo quiero ser en esta sociedad, no le temo a las palabras más tampoco le temo a los golpes, son escaños dentro de la propia vida, son señales de que hay algo o alguien que siempre querrá sacar lo peor de ti, pero que es lo peor que puede sacar de mi esta sociedad de mierda. Lo peor ya está afuera, demostrando belicosamente lo distinta que termine siendo al resto.
Nací para vivir cada día las incertidumbres que me llevan a ser mujer, esa capacidad innata de volverme loca sin razón alguna, nací para llorar y reír cuando quiero, de coger por amor y no por obligación, y no por ello caer en el libertinaje. Nací para gritar lo que pienso, seguir mis ideas, luchar mil batallas y aunque no las gane moriría por ellas de igual manera. Nací para llevar esos planes los cuales mis antepasadas no pudieron lograr, nací para elegir un camino para mí y solo para mí, no un camino el cual se coyunture junto a otra. Nací para ser libre y hacer con mi cuerpo lo que se me dé gana, porque aunque este es un cuerpo triste y no “hermoso”; es un lienzo de los caminos, recuerdos y vivencias que he logrado aprender, esta arte determina lo que he sido y lo que proyecto para el futuro, nací para ser una mujer autónoma, inteligente y libre, pero por sobre todas las cosas una mujer.
Nací lejos del estereotipo de belleza, me constituí entre los umbrales de la libertad, me escondí para no ser encontrada y ahora escribo esta bitácora como muestra de he llegado lejos, nací humilde, fea para la sociedad, lejos de esos cánones de belleza acostumbrados, como aquel jorobado. Me he instruido a lo largo de este tiempo en plena autonomía de lo que es ser persona y que es lo que yo quiero ser en esta sociedad, no le temo a las palabras más tampoco le temo a los golpes, son escaños dentro de la propia vida, son señales de que hay algo o alguien que siempre querrá sacar lo peor de ti, pero que es lo peor que puede sacar de mi esta sociedad de mierda. Lo peor ya está afuera, demostrando belicosamente lo distinta que termine siendo al resto.
Nací para vivir cada día las incertidumbres que me llevan a ser mujer, esa capacidad innata de volverme loca sin razón alguna, nací para llorar y reír cuando quiero, de coger por amor y no por obligación, y no por ello caer en el libertinaje. Nací para gritar lo que pienso, seguir mis ideas, luchar mil batallas y aunque no las gane moriría por ellas de igual manera. Nací para llevar esos planes los cuales mis antepasadas no pudieron lograr, nací para elegir un camino para mí y solo para mí, no un camino el cual se coyunture junto a otra. Nací para ser libre y hacer con mi cuerpo lo que se me dé gana, porque aunque este es un cuerpo triste y no “hermoso”; es un lienzo de los caminos, recuerdos y vivencias que he logrado aprender, esta arte determina lo que he sido y lo que proyecto para el futuro, nací para ser una mujer autónoma, inteligente y libre, pero por sobre todas las cosas una mujer.

